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Revista Electrónica Historias del Orbis Terrarum

Estudios Clásicos, Medievales, Árabes y Bizantinos

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« Marta Sagristani, La clientela romana, función y trascendencia en la crisis de la República, Ferreyra (Córdoba, 2006)

El Bronce en Homero

enero 6, 2012 por historiasdelorbisterrarum

 

 

Por Macarena Solari Truffy*

 

En los poemas de Homero nos encontramos con el ideal humano griego: seres hermosos, bravos guerreros luchando en situaciones heroicas, triunfando y trayendo gloria a su familia y ciudad. El καλός καγαθός [Kalós Kagathós], ‘belleza y bravura’ resume el ideal humano griego y se halla plasmado en la épica, siendo ésta la base, en gran parte, de la educación griega. “La educación no es posible sin que se ofrezca al espíritu una imagen del hombre tal como debe ser. En ella la utilidad es indiferente o, por lo menos, no es esencial. Lo fundamental en ella es καλόν [kalón], es decir, la belleza, en el sentido normativo de la imagen, imagen anhelada del ideal.[1]”. Mucho de lo que los griegos quisieron llegar a ser se encontraba en la obra de Homero, pues es la guerra donde el hombre puede mostrar lo mejor de sí mismo; no es extraño entonces, que su mayor gloria se encuentre justamente ahí. Las características que poseen estos guerreros son muchas, pero nos centraremos en una: el bronce, presente en el equipo bélico de los héroes, así como una constante en la narración épica.

 

Los guerreros de quienes canta Homero vivieron justamente en la que se considera la Edad de Bronce griega. Micenas[2] no conoció el uso del hierro a gran escala, por lo que es el bronce el metal usado para guerrear. Esto es observable en las excavaciones arqueológicas de aquel período: lanzas, espadas y armaduras encontradas son de bronce[3], a diferencia de lo que ocurriría después, en el periodo Oscuro y Clásico, en que sería el hierro el que imperaría en la guerra.

 

Tanto en la Ilíada como en la Odisea, el bronce cuenta con alto valor comercial: Tersites le dice a Agamenón “llenas están tus tiendas de bronce”[4], al hablar de las riquezas del rey. Un prisionero de combate ofrece “muchos tesoros hay guardados en casa de mi opulento padre: / bronce, oro y muy forjado hierro…”[5] al intentar comprar su rescate. Incluso Héctor le ofrece bronce, entre otras cosas a Aquiles para que entregara su cuerpo a los suyos[6] -augurando su propia muerte a manos del Pélida. El valor del metal es alto y además de esto, es un material noble usado por los dioses: el palacio de Zeus es descrito como Χαλκοβατής[7] [Chalkobatēs], es decir, que tiene piso de bronce, y el palacio de Hefestos también es broncíneo[8]. Los dioses utilizan el bronce, porque ven en él virtudes; virtudes que los hombres intentarán aprovechar.

 

De todas formas, para Homero, el valor más importante del bronce no tendría que ver con la estética ni su cuantía: es su valor militar, pues el bronce está íntimamente relacionado con el ámbito marcial. En sus Trabajos y Días, Hesíodo cuenta las distintas Eras que existieron en el mundo, describiendo a los hombres que vivieron entonces con diversos metales -según el periodo: oro, plata, bronce, los héroes y el hierro[9]. Sobre el bronce dice “otra tercera estirpe de hombres de voz articulada creó Zeus padre, de bronce, en nada semejante a la de plata, nacida de los fresnos[10], terribles y vigorosa. Sólo les interesaban las luctuosas obras de Ares, y los actos de soberbia; no comían pan y en cambio tenían un aguerrido corazón de metal”[11]. Tanto para Homero como para Hesíodo, el bronce está relacionado con la guerra, y dado que estos hombres descritos por Hesíodo son  guerreros, no es extraño que continúe su narración con “de bronce eran sus armas, de bronce sus casas y con bronce trabajaban; no existía el negro hierro”[12].

 

La guerra de Troya, en que se centra la épica homérica, ocurre en ese pasado broncíneo, la era de los Héroes de Hesíodo, del que sólo quedan recuerdos. El momento épico de los micenios antes de su propio fin. En ese aspecto, la arqueología sólo ha confirmado lo que ya supieron los antiguos: la caída de Micenas está relacionado con el término de la edad del Bronce y la introducción de la tecnología para ocupar el hierro[13]. Homero canta al pasado de bronce, pese a pertenecer a la era del hierro, “…ahí están ahora, por el hierro heridos; y heridos por el hierro, están esperándolos…”[14].

 

Lo que nos cuenta la épica difiere bastante de la realidad que muestra la arqueología. Baste el siguiente cuadro[15] para ilustrar el punto:

 

 

Homero

 

Arqueología (XI-VIII a.C.)

 
  Bronce Hierro Bronce Hierro
Espadas 12 0 4 55+
Cabeza de lanza 121 0 13 53+

 

Esto tiene una explicación: el uso del bronce en Homero, responde a la idea de dar antigüedad a su obra, para sumergir al oyente en el mundo al que cantaba, “…pero para la mayor parte, el disfraz toma la forma de una arcaización (…), aplicada por los bardos para traer la imagen a concordancia con lo poco que era conocido o  podía ser conjeturado sobre la era micénica”[16]. Por eso la presencia del bronce: el oyente lo relacionaba con las épocas heroicas de antaño.

 

En el imaginario popular del periodo Oscuro, el bronce era parte de la panoplia guerrera, y esto se observa en la épica, “y el bronce en los costados /daba pavor al sonar”[17]. No es la lanza golpeando los escudos, es el metal en sí, es el arma por sí misma la que produce este ruido; ruido propio del campo de batalla y Homero menciona en su obra el “relámpago del bronce”[18], para referirse a la marcha de los soldados en la batalla. Las lanzas, una de las armas indispensables en el equipo griego[19], tienen como epíteto el bronce: la mención de las “broncíneas lanzas”[20] es constante. Incluso, en muchas ocasiones, la palabra bronce es utilizada como sinónimo de armas, cumpliendo sus funciones, “pues el bronce les quitó el vigor”[21].

 

No sólo en materia ofensiva el bronce ocupaba un rol importante: nos encontramos en la Ilíada con la mención del “intaladrable bronce”[22], un atributo no menor a la hora de combatir. Sin embargo a causa el valor económico del metal, una armadura completa de bronce era un bien caro y aunque se han encontrado en los sitios arqueológicos, son una rareza[23]. Por esto, el uso de placas sobre camisas de otro material era lo más utilizado, “muchas de las armaduras estaban probablemente hechas de cuero o lino grueso, posiblemente reforzadas con accesorios metálicos”[24], y sólo los líderes, los señores y príncipes, serán quienes poseerán una armadura completa de bronce. Por ejemplo, Héctor es descrito como “entero por el bronce brillaba”[25].

 

Cómo epíteto siempre entrega valor, teniendo una connotación positiva, de marcada belicosidad [aunque no siempre: está el curioso caso del “broncíneo rallador[26]” usado en una ocasión para rallar queso de cabra]. A Ares, dios de la guerra, se le otorga este epíteto, Ἄρης Xάλκεος”[27][Arēs Chalkeos], Broncíneo Ares. Además de lo ya mencionado, observamos también las broncíneas pezuñas[28], χαλκόποδ᾽ ἵππω[29][Chalkopod´híppō], la voz de bronce (χαλκεόφωνος[30] [chalkeófōnos]) de Esténtor, las broncíneas túnicas, χαλκοχιτώνων[31][Chalkochitṓnōn], por citar sólo algunas.

 

Pese al fin de la Edad de Bronce en Grecia, este metal seguiría usándose en la guerra durante el periodo Oscuro y Clásico, pero no precisamente por su aporte en la batalla. El bronce se convierte en un elemento decorativo marcial: “la mayoría de las piezas fueron martilladas a partir de láminas de bronce de menos de un milímetro de grosor, tan delgado, que estas capas de bronce en realidad no permiten una mejor protección que las alternativas más baratas y cómodas de lino y cuero. Las hojas de bronce instaladas en el escudo realmente agregaban muy poco a la fuerza de la madera”[32]. La capa más superficial de escudos y corazas era de bronce, pero el material principal no –con excepciones, por supuesto. ¿Cuál es el motivo de mantener el bronce en el área militar pese a su inferioridad frente al hierro? Es simple: los equipos de guerra fueron, tanto en Micenas como en la Grecia Clásica, una forma de mostrar jerarquía. Dado que la ciudad no entregaba el armamento[33] a los guerreros, cada luchador tenía que costearse el propio, “su coste significaba que un set de armadura hoplita fuera no sólo un ítem práctico, sino un símbolo de status. De hecho, una de las razones para adoptarlo fue precisamente el que no fuera barato”[34]. Los hoplitas, la infantería pesada griega, por lo mismo eran una variopinta[35] tropa en que cada cual vestía como le diera la gana. Quien pudiese costear un equipo de lujo, lo hacía, pues sólo el hoplita era considerado un peleador heroico. El guerrero y la nobleza iban de la mano, tanto en Micenas como en el posterior periodo Oscuro, lo que se puede observar en la épica: para Homero, “el valiente es siempre el hombre de rango”[36].

 

Las armas, el entrenamiento y el tiempo para poder dedicarse a la vida militar hacen necesario tener una cantidad considerable de ingresos, creándose una estrecha relación entre los guerreros y quienes gobernaron las ciudades, “fue aquella nobleza militar la que estableció por primera vez, entre la calificación guerrera y el derecho a participar en los asuntos públicos, una equivalencia que no se discutirá ya. En la polis el estado de soldado coincide con el de ciudadano: quien tiene su puesto en la formación militar de la ciudad, lo tiene asimismo en su organización política[37]”. Durante el periodo Oscuro, hasta parte de la era Clásica, quienes no luchaban, o al menos, los que no lo hacían como hoplitas[38], no eran considerados en la ciudad, “los ciudadanos no guerreros tenían poca influencia, así como poco prestigio”[39].

 

El bronce es pieza clave en este juego de status. En la misma Ilíada podemos vislumbrar esto: el escudo de Áyax es descrito como “había hecho el tornasolado escudo con siete pieles/ de nutridos toros y una octava lámina de bronce por encima”[40]. La única razón de poner esta capa era por motivos estéticos, en este caso, para demostrar la capacidad adquisitiva de su propietario. La importancia del bronce, incluso en Homero, muchas veces era meramente estética. En el mundo clásico es igual: Jenofonte, el general ateniense, al hablar de este metal en los escudos, da como razón suficiente para su uso el que se le pueda sacar brillo rápido y que demora en empañarse[41].

 

¿Por qué se mantuvo la idea del bronce como metal de guerra, pese a que su uso quedó restringido en el ámbito marcial? La respuesta tal vez pueda ser Homero. Dada su importancia en la educación griega, el valor que le entregó al metal quedó en el imaginario helénico, a pesar de su reemplazo por el hierro.

 

Evidente es la nobleza del metal en el pensamiento homérico y la nobleza, en ese entonces, iba de la mano con el ámbito marcial. El bronce evoca el espíritu de batalla, el espíritu de los mejores en la guerra. En el mundo bélico existente en el imaginario griego clásico, el bronce siguió teniendo un papel en lo que a estética marcial se refiere, en gran parte, gracias a Homero, “…que salían de tropel de las naves, los abollonados broqueles, / las corazas, de sólidas placas, y las lanzas, de vara de freso. / El fulgor llegó al cielo, la tierra entera rió alrededor / por el relámpago del bronce, y el ruido rugía bajo los pasos de los guerrero…”[42]

 

***

 

* Macarena Solari Truffy es Egresada de Historia de la Universidad Adolfo Ibáñez, con un Post-grado en Educación en la misma.


[1]Jaeger, W, Paideia, Fondo de Cultura Económica, México D.F., 2001, pág. 19

[2]Refiriéndonos a la Civilización Micénica (XVI a.C.-XII a.C.), no a la ciudad específica.

[3]Chadwick, John , The Mycenaean world, Cambridge University Press, Edinburgo, 1976, pág.160

[4]Homero, Ilíada, trad. de E. Crespo, Gredos, Madrid, 2006, verso II 226

[5]Ibídem, versoVI  47-48

[6]Ibídem, verso XXII 340

[7] Ibídem, versos I 426, XIV 173

[8]Ibídem, versos XVIII 374

[9]Hesíodo, Trabajos y días, trad. de Aurelio Pérez Jiménez, Gredos, Madrid, 2000, versos 106-201

[10] El que sean “nacidos de los fresnos” tampoco es coincidencia: de esta madera se hacía la base de las lanzas.

[11]Ibídem, versos 144-147

[12] Trabajos y días, versos 150- 152

[13]García Iglesias, Luis, Los Orígenes del Mundo Griego, Editorial Síntesis, Madrid, 1997,  pág. 204

[14]Esquilo, Tragedias, “Siete contra Tebas”, Trad. de Bernardo Perea Morales, Gredos, Madrid,  1986, pág. 307, versos 911-912

[15] Greenhalgh, P.A.L, Early Greek Warfare, Cambridge University Press, Cambridge, 1973, pág. 41

[16] Ibídem, Trad. de Macarena Solari, pág. 157, cita original “… but for the most part the disguise takes the form of a deliberate archaizing (…), applied by the bards to bring their picture into line with what little was known or could be conjectured about the Mycenaean Age”.

[17]Ilíada, versos XXI 254, 255

[18]Ibídem, versos XI 83; XIX 363

[19]Van Wees, Hans, Greek Warfare: Myths and Realities, Duckworth Londres, 2004, pág. 48

[20]Ilíada, versos III 18, 316, 317, 348, 349, 380; IV 461, 469, 503; V 282, 852, 856; VI 11, 31, 320; VIII 495; IX 44;  XI 260;  XI 742; XIII 181, 211, 247, 404; XIV 12, 420; XVIII 534; XIX 53, 152; XX 96,  258, 446, 474, 480; XXII 225

[21]Ibídem, versos III 294

[22]Ibídem, versos XIV 25, XIX 233

[23]Chadwick, John, Op.cit., pág. 160

[24]Ibídem, Trad. de Macarena  Solari, pág. 160, cita original “much armour was probably made of leather or heavy linen, possibly rein forced with metal fittings”.

[25]Ilíada, verso, XI 65

[26]Ibídem, verso XI 640

[27]Ibídem, versos V 704, 859, 866; XVI 543; 146 VII

[28] Lo que no es nada menor: el caballo era un bien de lujo, que demuestra status social: Homero hace de las ideas de nobleza y aristocracia sinónimos, y el que los caballos tengan herraduras de bronce es muestra de la virtud del caballo y evidentemente, de la de su propietario.

[29]Ibídem, versos VIII 41, XIII 23

[30]IIbídem, verso V 785

[31]Ilíada I 371; II 47, 163, 187, 437; III 127, 131, 251; IV 199, 285, 537, V 180, VI 454; VII 275, 444; VIII 71;  X 136, 367; XII 352, 354; XIII 225, 272; XV 56, 330; XVII 485; XVIII 105; XXIII 575, XXIV 225; Odisea  i287; iv 496

[32]Van Wees, Hans, Op.cit., trad. de Macarena Solari,  pág. 53, cita oríginal: “most pieces were hammered from sheets of bronze less than 1 millimeter thick, so thin that bronze cuirasses did not actually afford better protection than the less costly and less uncomfortable leather and linen alternatives. The bronze sheets fitted onto shields likewise added very little to the strength of the wood”.

[33] A excepción de la lanza y el escudo.

[34]Ibídem, trad. de Macarena Solari , pág. 53 cita original: “The expense meant that a set of hoplite armour was not just an item of practical use but also a status symbol. In fact, one of the reasons for adopting bronze armour was precisely that it was not cheap”.

[35] Con excepción de la elite espartana.

[36] Jaeger, W, Op. cit. pág. 32

[37] Vernant, Jean Pierre, Los orígenes del pensamiento Griego, Editorial Universitaria de Buenos Aires, Buenos Aires, 1991, pág. 48

[38] Existía la infantería ligera, pero solía ser despreciada por los ciudadanos.

[39] Runciman, W. G., “Greek Hoplites, Warrior Culture and indirect Bias”, The Journal of the Royal Anthropological Institute, Trad. de Macarena Solari,  Royal Anthropological Institute of Great Britain and Ireland, Vol. 4, 1998, pág. 745, cita original “the unwarlike citizen had as little influence as prestige”.

[40]Ilíada, versos VII 122-123

[41]Jenofonte, Spartan Constitution, trad.  Michael Lipka, De Gruyter, New York, 2002, Fragmento 3. 11

[42]Ilíada, versos XIX, 361-364

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